Lecciones del 7 de octubre

Tenía muchos compañeros trabajando en el Comando Venezuela el día de las elecciones, la noche del 7 de octubre, una vez que llegué de la auditoría de mi centro electoral comencé a esperar informes de ellos para ver si se podían conocer, o al menos inferir, los resultados. “Perdimos” escribieron en un grupo de Blackberry Messenger creado para la ocasión. Yo no lo podía creer. La verdad es que no lo quería creer. Sentí un vacío en el estómago y levanté la mirada para ver a mi familia y mis vecinos que estaban reunidos jugando dominó en la sala de mi casa, no tenía corazón para decírselo. Quería creer que fue un error y empecé a preguntarle a otros en el mismo comando recibiendo siempre la misma respuesta. Los cohetes que se oían en el 23 de enero y las caravanas que pasaban camino a Miraflores eran una señal inequívoca de esa realidad que yo había decidido ignorar desde las 8 de la noche mas o menos. Comencé a revisar el twitter y me conseguí con que algunos periodistas ya estaban lanzando tuits confirmandolo, decidí que fuese el mismo Nelson Bocaranda quien le diera la noticia a mi abuela y le enseñé lo que había escrito, su cara cambió mientras leía.  En medio del silencio roto por las explosiones de los cohetes y las cornetas de las caravanas, mientras le daba la noticia a todos los que me pedían reportes por mensajes y esperábamos la confirmación de Tibi -albergando la esperanza de que nos dijera que todo había sido una broma de Que Locura y los resultados eran otros-, yo iba recordando todo lo que había visto y oído durante la campaña en los barrios de Caracas, una realidad que como sabía que no podía cambiar, mi cerebro decidió minimizar hasta ese momento.

El proceso por el que yo paso para decidir mi voto me ha llevado incluso a votar por gente que no me cae muy bien, simplemente porque detrás hay una serie de hechos y argumentos racionales que me hacen inclinarme por una opción. No es de gratis que haya votado por tipos como Rosales o Ledezma, a quienes políticamente respeto pero que no me inmolaría por ellos, ni siquiera son personas con las que iría a tomarme unas birras. Pero mucha gente no decide su voto igual que yo, muchísimas personas, de oposición o chavistas, ponen primero lo que sienten, y eso no esta mal ni bien, simplemente es su decisión, soberana y respetable.

Mientras esperaba sin ganas el boletín oficial del CNE para oficializar lo que ya sabía, recordaba que en los días de campaña fui a todas y cada una de las parroquias de Caracas, tocando las puertas de las casas y preguntándole  a la gente: “¿cuál es el principal problema que considera le afecta a usted y a su familia?”, esperando que me mencionaran el rosario de problemas que ya yo conocía y a partir de ahí presentarle la alternativa de Capriles, pero para mi sorpresa habían personas que me decían con total naturalidad: “ninguno, aquí todo está bien”, “sí hace falta esto o aquello pero ya lo van a traer”, me negaba a irme con eso y los increpaba “¿usted no considera que la inseguridad es un problema?” y me respondían “Eso siempre ha sido así”, “Eso no lo va a cambiar nadie”, “Eso no es cuestión de un gobierno, eso viene de la casa”. La escena se repitió una y otra vez durante toda la campaña, tanto en Catia como en Antimano, El Valle o Caricuao. Hay una mezcla de desesperanza, naturalización de la violencia, conformismo, desconocimiento del papel del Estado y manipulación a través de los medios que hacen imposible que los problemas que nos afectan tanto a ellos como a mi, se manifiesten de la misma manera en el plano electoral.

En 2008, en el marco de las elecciones regionales, yo fui participe de un cambio del discurso de la oposición que me parecía vital. De levantar la bandera de valores abstractos como la Libertad de Expresión y el respeto a la democracia, pasamos a enumerar los problemas de la gente a modo de strikes, agua, luz e inseguridad, llegando a la conclusión que el gobierno estaba ponchao dada su incapacidad de dar respuesta a estas deficiencias. La campaña de Capriles tuvo mucho de eso y me parecía que era la dirección correcta, por un lado algo tan intangible como “la Patria” y por el otro los problemas del día a día. Se me olvidaba de nuevo la gente que no decide “racionalmente” sino pensando en lo que siente.

La cosa no era tan fácil como “hablar de los problemas” o “señalar responsabilidades”, resulta que la mayoría de la gente nunca ha creído que reclamarle esas cosas al gobierno sea una opción, simplemente porque el gobierno nunca se las ha garantizado. Todo ese sistema de normas, derechos, deberes y garantías que había conocido de librito, en la practica no existen y la gente aprendió a (sobre)vivir con eso, a defenderse como pueda en ese terreno. Este es el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo del fenómeno que menos me gusta de la venezolanidad: la “viveza criolla”. De este mal no se salva nadie, ricos, clase media, pobres, mujeres, hombres, viejos y jovenes son víctimas y victimarios por igual. En la escala de valores de los venezolanos quien no aprovecha cualquier oportunidad para beneficiarse es visto como “raro”. Nadie juzga fuertamente a quienes desde el poder se han enriquecido simplemente porque cualquier peatón si estuviera en el lugar de aquellos, haría exactamente lo mismo: usar el poder para enriquecerse. El dinero fácil es el mas buscado. Recuerdo que recientemente le estaba hablando a un grupo de chamos sobre lo chimbo que me parecía que la gente siempre estuviera pendiente de cobrar sin trabajar, estos se rieron en mi cara y me dijeron “¿y a quién no le gusta cobrar sin trabajar?”, yo no tuve nada que responder.

En ese contexto no es difícil entender las motivaciones de la base electoral del chavismo, la que mantiene una relación estrictamente clientelar con el gobierno. Es simplemente gente que está aprovechando las oportunidades y beneficios que el gobierno les ofrece (mision vivienda, mercal, pensiones, becas…)  o les permite (invasiones, economía informal…). Pero hasta ahora sigo solo mirando a quienes, como yo, toman decisiones basados en sus intereses, racionalmente.

Hay una cantidad de personas que vivieron el país en una época en las que las políticas sociales no eran el centro de la discusión electoral, cuando comenzó a surgir esa cultura de la supervivencia del mas apto. Aquella época estuvo en la frontera entre el cumplimiento de metas por parte de gobiernos adecos que hay que reconocer, como la masificación de la educación básica gratuita y de la salud pública en las zonas urbanas y el cumplimiento de metas del gobierno actual que también hay que reconocer, como acercamiento de la salud a sectores excluidos y el acceso a alimentos con precios subsidiados. En esa frontera los sentimientos tuvieron mucho peso, aunque esto es solo una especulación porque yo no la viví, apenas tengo recuerdos muy borrosos de haber visto la telenovela “Por Estas Calles” en los televisores de mi casa, lo cual sin duda fue un retrato fiel de lo que sentía la gente en aquel entonces. El paso de una época de exclusión, en la que la actitud del gobierno era de “resuelvan como puedan” a una en la que  el gobierno se mete en tu barrio, te monta un mercal aunque tengas que hacer cola, te construye un barrio adentro aunque esté cerrado, te baja unos reales para el Consejo Comunal aunque se los agarren y te paga una pensión/beca aunque no te alcance es lo que ha dado lugar a ese fenómeno “sentimental” que es tan difícil de comprender por quienes solo vemos argumentos racionales. No es lo que les ofrece el gobierno en hechos reales, es lo que les hace sentir. Los ha hecho sentir incluídos, le ha subido el autoestima a una gente que antes sentía que no merecía nada. Aunque en la realidad las cosas sigan funcionando mal, lo que sienten es importante y determinante a la hora de darle el voto a alguien. Es por eso que los mensajes de miedo y manipulación del gobierno en torno la posibilidad de volver a una época en la que “se comía perrarina” y los niños tomaban “tetero de agua de arroz” son tan efectivos, apelan a los sentimientos y nosotros somos incapaces de verlo.

Ahí estaba la realidad que me estaba negando a ver hasta las 9 de la noche del 7 de octubre: el chavismo se soporta una base clientelar (“racional”) a la que habíamos logrado ganarle en un par de elecciones y no habían razones para no volver a hacerlo esta vez, y un complemento emocional que yo no era capaz de ver, pero que se manifestó y me pegó en la  cara. Tibi salió tempranito, sonriente, sin ver la rampa tropezó, ni nos dio chance de verle el nuevo look a la baranda, anunció lo que sabíamos, explotaron aún mas cohetes y entre nosotros no podíamos decirnos nada. La curda para la celebración quedó para el despecho. Luego salió Capriles y nos habló, reconoció que perdimos y nos dio las gracias por una campaña que a mi me pareció excelente, titanica, digna de aplausos. Sonó “está aclarando la mañana en Venezuela” y el pilar de la casa, mi abuela, rompió en llanto. Todos caímos  tras ella como las fichas del dominó.

La esperanza de un país donde pudiera progresar, independizarme y tener seguridad, quedó rota. Todavía a dos días de las elecciones, al contrario de un gentío inmensamente optimista que está mirando ya a las elecciones de diciembre, yo no estoy seguro si esto va a algún lado.

Después de una derrota así, hay que replantearse las luchas que uno esta librando, cuestionarse los objetivos, hay que revisar. Hasta ahora el objetivo era Chávez, el gobierno, creyendo que muerto el perro se acaba la rabia. Pero ahora creo que la cosa no va por el lado de la oferta sino de la demanda. Los de ahora son solo unos militares “vivos” que están ahí no como causa sino como consecuencia de algo que es mas profundo, una estructura de valores, unas características culturales al parecer grabadas en el ADN del pueblo que no se cambian con una campaña publicitaria.

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11 comentarios to “Lecciones del 7 de octubre”

  1. Jose Luis Rivas Says:

    Edgar, justo esto me pasó a mi. Y peor aún, me pasó en Chivacoa, un lugar que no conozco bien y en donde no puedo moverme tan bien como en mi natal San Cristóbal.

    Me esforcé y reuní para ir a Chivacoa, porque me mudo más rápido de lo que se actualiza el REP. Fue guardían del voto en un lugar desconocido, con chavistas más radicales de lo que estoy acostumbrado, con más abusos, y en medio de eso vi lo que había visto mientras estuve en Caracas: las migajas sí funcionan.

    Iban como corderitos al matadero a anotarse en las listas según como se viesen beneficiados, ‘sector educativo’, ‘misiones sociales’, ‘área salud’, ‘seniat’ y ‘gobernación/alcaldía’. Ellos con su cara bien lavada admitiéndolo, muy sinceros ellos, ante el jefe del plan república de mi centro de votación.

    Sí, de verdad les han dado casas equipadas, y eso les compra el voto, ¿y qué otra cosa se puede esperar? Gente que saca cuentas y sabe que ni ahorrando toda la vida todo el dinero que gane van a alcanzar pagar una casita, mucho menos con hipoteca que lo que hace es elevar el costo por la comodidad de no tener que dar el dinero completo a la primera. Al campesino que le regalaron un tractor iraní, no sabe como usar pero al menos lo lleva al pueblo, lo pasea y le sirve para ir a las caravanas y montarle propaganda. El microempresario que le regalaron un crédito a bajo-costo, a pesar de que no lo pidió, por lo que no sabía qué hacer con él y se lo gastó en cualquier vaina, pero qué importa! Es dinero barato! (Esto, me recuerda tanto el bailout gringo a los grandes bancos, dinero barato a quién no lo necesitaba ni lo estaba pidiendo: grandes desastres)

    Así como también recuerdo, mientras viví en Caracas como las zonas rurales son zonas olvidadas, zonas de nadie, donde al menos ellos están presentes, y cuando toca votar son ellos los que están. No hay que irse tan lejos. Yo lo viví en Gavilán, y así mismo se repitió en el resto de las zonas rurales del país. ¡Esos también cuentan! Pero recuerdo un día al de esdata diciéndome que esos casi no suman, que necesitan poblarse más para que cuenten de verdad, que lo que valen son las ciudades. Cuánta rabia me dió, eso ya hace 4 meses, y ese día supe que íbamos a perder si la cosa seguía así. Y de hecho, siguió así. El problema esta vez no fue del candidato, sino de los equipos que quedaban, que tenían que terminar el trabajo. Así como un presidente no gobierna solo, tampoco gana solo, y lamentablemente eso es lo que ví. Queremos lo que logra un líder mesiánico como Chávez, pero sin que sea mesiánico.

    Yo admito que al principio Capriles no me convencía, y él, me fue convenciendo. Por segunda vez voto por alguien y no contra alguien (primera en el caso de las presidenciales), pero ellos son más, sin duda.

    Ayer me puse a pensar la cosa, a darle vueltas, a sumar y restar. Dentro de 6 años mi hijo, el hijo de un chamo de 23 años, va a tener la misma edad que yo tenía cuando Chávez llegó al poder. Yo voy a estar montado en los 29, básicamente los 30. Y estemos claros, esto no va a cambiar en los próximos 6 años para bien. Entonces, sabiendo el resultado, ¿es responsable que un padre someta a su hijo a este sufrimiento? ¿que someta a su familia a esto? ¿que exponga su hijo y su esposa a la violencia creciente? ¿A la falta de calidad de vida? ¿No es esto equivalente a agarrarlo a correazos porque se cayó mientras corría? ¿No es esto maltrato a los niños (y niñas, y adolescentes y adolescentas, como les gusta decir a ellos)?

    Y bueno, me fuí del tema, pero es que lamentablemente (lamentable en contraste con lo que quieren 8 millones de venezolanos) soy como tú, pienso racionalmente, por lo que no vivo de misiones ni becas ni pensiones, sino de mi trabajo día a día (incluyendo fines de semana, porque así lo decidí) por lo que no tengo tiempo (ni ganas) para hacer las colas en mercal para conseguir carne, leche, aceite ni pollo, ni para buscar de farmacia en farmacia los pañales para mi hijo y sé que en 6 años esto no va a estar igual, sino que en apenas meses ya va a seguir empeorando.

    Somos una familia donde mi esposa y yo trabajamos, fuertísimo día a día, tenemos un sueldo más allá del sueldo mínimo, y entre el alquiler y el transporte de vainas nos quedaba para la comida y los pañales del niño.

    Disculpa que me haya desahogado aquí en tu blog, pero necesitaba soltarlo y creo que… Bueno, espero que no ayude a desmayecer, pero es la realidad y no se puede ocultar el sol con un dedo.

    Saber ese día que perdimos, no sólo una elección sino la oportunidad durante los próximos 6 años de hacer lo que queremos, porque lamentablemente nos traban, no es que ellos por su lado y nosotros por el nuestro, me hizo repensar mi vida y tomar decisiones diferentes a las que pensé tomaría en 2010, cuando nos conocimos.

    • Liz Gerik Says:

      La verdad sea dicha… No hay alivio sino motivos para seguir en la lucha y aprender y superarnos. No podemos esperar soluciones fáciles para problemas profundamente complejos. Al mismísimo Chávez no le llevó 4 meses estar donde está. Saludos

    • pobrepeaton Says:

      Tranquilo gocho, no te culpo. Yo también saqué la misma cuenta y me es imposible, al menos por ahora, compartir el entusiasmo que tienen varios compañeros. Me imagino que para ti que que tienes un chamo debe ser mucho mas difícil.

      Hay que pensar en el futuro.

  2. Albert Urbina Says:

    Me encantó Edgar!!

  3. Liz Gerik Says:

    Muy acertado tu análisis, más claro, imposible! A dejar la altanería y a seguir trabajando porque en 14 años no hemos aprendido nada

  4. Gloria Salazar Lermont Says:

    Edgar, esa misma lucha te debe haber permitido darte cuenta de todo lo que se ha ganado y que lejos de decaer hay que perseverar. Con todo el ventajismo y 14 años de poder, y todo lo que mencionas acertadamente en tu nota, el gobierno sólo pudo ganarnos por 1,6millones de votos, el oficialismo NO arrazó. Todos esos venezolanos que miran racionalmente, merecen que nosotros luchemos por Venezuela y la otra mitad también porque este país no es posible con una sola mitad. Venezuela cuenta contigo, tenemos que seguir trabajando , levantar la cara y saber que estamos en el camino correcto. Claro que las cosas no cambian de la noche ala mañana, pero hay algo muy importante y es que sin duda las acciones de cada uno tienen una trascendencia que si la reconociéramos el mundo sería diferente. Para diciembre la oposción tiene buenas posibilidades para las gobernaciones, fíjate que en las ciudades más importantes la diferencia no fue grande. Cada gota de sudor tendrá frutos, pero la resignación debe ser superada con la constancia y la perseverancia. Te dejo este video que me parece fino! DAME LA FUERZA http://www.youtube.com/watch?v=xR9L9Dc1i8k&feature=share

  5. Anabel Navarro Camero Says:

    Hermoso! hace un par de horas hablaba de esto con un grupo de amigos! ya se los paso para que lo lean.

    me siento igual que tú, estoy aun medio en shock y con la mente nublada, sin saber bien qué es lo que viene, qué es lo que tengo que hacer y decidir…
    Un fuerte abrazo. Nos debemos unas birras para hablarlo en en persona 1.0.

  6. Roddy Says:

    viejo está tremendo, es parte del diagnóstico que estaba haciendo para reponder a la pregunta: Qué hacer ahora?

  7. Vicente Sanchez Says:

    Edgar, está excelente, me uno a esa misma visión de lo sucedido, lamentablemente, por lo que conlleva.

  8. rodolfo petion Says:

    deben aprender a ganarse el corazón del pueblo así como una mujer que se caso con un hombre muy progresista y profesional que solo le da comodidades físicas pero sin amor y al contrario también sobre el hombre que manifiesta puro amor y no da las comodidades el progreso y el amor deben ir de la mano si quieren derrotar el fenómeno chavez! y eso va eliminando un poco la discriminación que hay en algunos de los sectores de oposición hasta comprender que pueblo somos todos Venezuela somos todos negros blancos ricos pobres altos enanos etc.

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