Diálogos desde la cola

Desde que  supe de la muerte de Chávez, especialmente cuando comenzaron las suposiciones sobre dónde, cómo y cuándo serían las exequias, sentí que era un momento histórico, uno que nos tocó vivir y que sería un error perderse. Una vez que se supo que el jueves sería el único día completo en el que uno podría ver el féretro, pensé en lo complicado que sería y en que tal vez necesitaría un amigo chavista que me apadrinara, porque después de todo lo que uno ha vivido es imposible no sentir que cualquier grupo de chavistas te puede entrar a coñazos si les provoca, y si están en medio de un duelo la intensidad del daño podría ser mucho mayor. Pero no se me ocurría ninguno que creyese en la sinceridad de mis intenciones. Incluso un vecino chavista ese día me dijo que yo debía estar brincando en una pata -nada más lejos de la verdad- pero en su cabeza solo hay lugar para prejuicios contra los que somos de oposición. De cualquier forma no tenía intenciones de perdérmelo, así que ese jueves salí de mi casa con una franela roja puesta para mitigar un poco la pinta de “manitoblanca” que me gasto.

Lo primero que quiero dejar en claro son los motivos que me llevaron a asistir a este acto. En primer lugar, el velorio de un presidente que murió en ejercicio siempre es un acto importante en cualquier país, pero si se trata de uno como Chávez la cosa pasa a ser un hecho histórico, y no me perdonaría hablar con chamos jóvenes en el futuro y decirles que aunque vivía en esa época, no supe nada de lo que pasó. Por otra parte, aprovecharía la oportunidad para mostrar mis respetos ante el tipo al que me dediqué a enfrentar (y que casi siempre me ganó) durante toda mi vida política hasta ahora, y seguramente por varios años más. Aunque sé que ni Chávez ni el chavismo son contendores tan dignos como para mostrar respeto al otro, yo sí lo soy, y como tal quería hacer mi pequeño homenaje a todos estos años que pasé conviviendo con él, defendiéndome, analizándolo, decodificándolo, temiéndole, entendiéndolo, atacándolo.

La tercera razón que me motiva es el puro interés científico, fue el mismo interés que me llevó, por ejemplo, a la caminata de la Divina Pastora, un acto de una religión que no profeso, de la que incluso difiero, pero que entiendo es parte importante de la espiritualidad de los venezolanos. Y que como yo no la comparto, posiblemente puedo hacer una buena “observación participante”, como dicen los sociólogos.

En la mañana del jueves  7 de marzo, antes de salir del trabajo, una pequeña conversación con un grupo de compañeros comenzó a aportar cosas a esta experiencia. Una muchacha nos afirmó que su mamá había votado por Capriles en octubre y ahora dijo que votaría por Maduro, al preguntarle por qué, la madre dijo que “éste era otra cosa”. La discusión devino en un debate sobre los niveles de participación de las elecciones presidenciales que se avecinan con un denominador común: Maduro ganaría.

Salí del trabajo a las 12:30 del mediodía, bajo un sol que me hacía presagiar lo que se avecinaba. En el metro vi mucha gente con camisas de Chávez entrando y saliendo y en la salida vendían cintas con el tricolor para colocarse en el brazo a 10 bolos. Me informé sobre el estado de la cola y supe que había dos, una iba por La Bandera y otra por Los Símbolos. Por un momento eso me intimidó, pero tomé una camioneta que tenía la misma ruta del BusCaracas, cuya existencia olvidé por completo, Olvido que agradecí al ver la cantidad de gente que iba en cada unidad. Mi compañera de puesto, una señora de El Valle que podría ser mi mamá y que podría haber jurado que era de oposición, me preguntó si iba a Los Próceres,  le dije que sí y comenzó a darme información desalentadora: Su hermana estaba allá, llegó a las 5 de la mañana y  hace poco le escribió que no había visto todavía a Chávez, me mostró el mensaje con foto y todo. Me dijo que ella no iba porque andaba en bastón, que su mamá estuvo ayer desde el mediodía hasta las 6 de la tarde ahí parada esperando a que pasara. Me dijo donde sería mejor que me bajara y nos despedimos cordialmente.

Comienzo a caminar por La Bandera como a la 1:00 p.m. buscando el final de la cola para unirme. Había un gran desorden: calles cerradas, gente comiendo, vendedores de comida, bebidas, fotos, material P.O.P, motorizados en todas direcciones. Finalmente vi la cola frente al Parque Ítalo, pero no era el final sino una especie de vuelta en U que regresaba hacia Los Próceres, habían muchas personas con niños en brazos a pleno sol y cada vez más caos. Mientras bajaba por el puente que pasa sobre la autopista y el río, recordaba una de esas marchas de aquella oscura época del 2003, hace ya 10 años, en las que participé siendo apenas un adolescente. En esa oportunidad recuerdo que intentábamos llegar a Los Próceres y justo en el punto en el que ahora me encontraba habían personas encapuchadas con pistolas en mano disparando hacia los que veníamos desde Los Símbolos, sin contar los gases lacrimógenos que la policía nos echaba en la esquina de la Procuraduría. El resultado de esa marcha fueron dos muertos y la prohibición de protestar jamás en Los Próceres. Esa fue una de las no pocas veces que me devolví derrotado y lleno de indignación, pero con unas ganas inagotables de seguir peleando.

Finalmente, a la 1:20 p.m. conseguí el punto donde me podía incorporar, en la esquina de la Procuraduría. A los pocos minutos la cola que bajaba desde el puente y seguía hacia los Próceres comenzó a avanzar muy rápido hacia adelante, parece que habían liberado el paso en algún punto, la gente corría y en cuestión de segundos el orden de la fila desapareció, solo había gente corriendo en grupo, sin importar niños ni adultos mayores. Yo como buen individuo, me desdibujé en la masa y comencé a correr casi inconscientemente. Lo único que le importaba a la gente era adelantarse, era una perfecta metáfora de la sociedad venezolana: todos querían ser más vivos que los demás y lo único que lograban con eso era que todos nos jodiéramos juntos. La corredera se detuvo más o menos frente al IPSFA, ahí comenzábamos a caminar en el “orden” en el que quedamos. La fila india se convirtió en una especie de rebaño compacto de unos 5 cuerpos de ancho. A los lados pasaba la gente que venía de regreso, cada uno echándonos un cuento más aterrador que el anterior sobre lo que nos esperaba más adelante. Me llamó la atención un señor con un megáfono de esos del recién estrenado SiBCI pidiéndole en vano a la multitud que dejara de correr puesto que no había necesidad. Los gritos reclamando a los coleados fueron la constante todo el día, mientras que alguna que otra persona decía “tranquilos, aquí todos vamos a ver al comandante”.

Paralelamente estaba la otra cola que venía de Los Símbolos y que nunca detuvo su corredera, desde mi cola veíamos con decepción como los más vivos nos adelantaban pero temíamos salirnos del puesto que ya teníamos. En ese punto hasta yo me dejé de contagiar de la esperanza colectiva promovida por las señoras que nos pedían “mente positiva”, que si la cola avanzaba por algo sería, “de aquí nadie nos mueve”. Imposible no volver a hacer una metáfora, ahora del chavismo: aunque me advertían que seguir haciendo la cola esperando “lo prometido” era una locura, los que estábamos en ese punto nos apoyábamos para no perder la fe, que era lo único que nos mantenía ahí.

Una vez que me acostumbré a la dinámica, me dio chance de observar todo con más detenimiento. Los buhoneros vendían los chupis a 5 bolos, una mujer a mi lado le comenzó a gritar “abusador, usurero”  asegurando que más atrás estaban a 4 Bs., poniendo en práctica la clase de economía socialista versión Giordani que pasan en los mensajes institucionales de TV. Ante este panorama que por lo visto no solamente me parecía incómodo a mí, una señora de unos cincuenta y tantos años, que parecía de clase media trabajadora, seguramente jubilada y que de ahora en adelante llamaré “la señora de las reflexiones”, empezó a hablar en voz alta: “Todo es un desorden, capaz y Chávez se murió para darnos una lección, para que comencemos a comportarnos mejor, solo el tiempo lo dirá”. “Ahorita tenemos muchas preguntas, pero después vendrán las respuestas” prosiguió la señora como queriendo darle una razón a la muerte de su líder. “Si los gringos nos hubiesen invadido, aquí hubiese corrido mucha sangre, seguro eso venía pero a lo mejor esto los frenó (…) Ahora tenemos que pedirle a Dios que le dé mucha salud a Fidel Castro, para que asesore a Maduro. Él ayudó mucho a Chávez y éste necesita mucho más asesoramiento, porque no es militar y no tiene ese pensamiento así de estrategia”. Lo siguiente que dijo deja en claro por qué los militares como esperanza del orden a través de la “mano dura” son uno de los principales soportes del chavismo (y de todos el caudillismo venezolano): “los militares deberían poner orden aquí, deberían estar acomodando a la gente”, otra mujer le respondió “ellos no están haciendo nada, el mismo pueblo es el que está organizándose en la cola”, y un señor agregó: “eficiencia o nada”. En ese momento pasó un grupo de militares en moto y todo el grupo aplaudió.

Ya eran pasadas las 2:00 p.m. cuando pasó el helicóptero de la policía, otra señora (sí, la mayoría eran mujeres adultas) que había estado en silencio aprovechó para decir, siempre en voz alta para todos a su alrededor: “la oposición debe estar muriéndose de la arrechera, ellos  siempre dicen que a la gente que va a las marchas les pagan ¿a quién le pagaron aquí? La señora de las reflexiones  complementó: “Allá en mayami estaban celebrando que se murió Chávez, y que se abre un ‘nuevo camino democrático para Venezuela’, ellos creen que van a volver ¡mira que van a volver! ¡Si vuelven tienen que ir presos!”, una tercera señora completó: “Ellos creen que como se murió Chávez se acabó todo, ya nosotros aprobamos las líneas estratégicas 2013-2019 ¿y quién hizo eso? ¡Chávez!”.

Una mujer cuarentona, con el cabello pintado de rubio y que luego me enteré (sin querer) que creció en Macarao pero ahora vivía en Guarenas, fue con sus dos hijas, la mayor como de 11 o 12 años y la pequeña de 7 más o menos. La niña grande le decía a su mamá que estaba cansada y la doña de las reflexiones se metió y le dijo “tienes que aprender a guerrear desde ahorita, porque cuando tus padres ya no estén tu eres la que quedas, ¿jodidos? jodidos estaban el 11 de abril llevando plomo, sin agua, sin comida, aquí estamos bien gracias a Dios” después de eso le perdí la pista a la pintoresca señora. A partir de ahí, la mamá de las niñas estuvo siempre cerca, hubo un momento en el que se preguntaba junto a otras dos mujeres si a Carlos Andrés(Pérez) por fin lo habían traído, porque ella solamente supo que su familia estaba peleando por enterrarlo “aquí o en Puerto Rico”. Una de ellas dijo que creía que estaba en el Cementerio del Este pero no estaba segura, la tercera antes de irse criticó que la familia peleara por eso y dijo “aquí nadie se pelea porque somos una sola familia”.

Mientras esto pasaba, la cola avanzaba lentamente, uno o dos metros cada 5 o 10 minutos, cada avance implicaba correr y frenar golpeando al de adelante para quedar compactos y así impedir que se metiera más gente. Al mismo tiempo pasaban delegaciones internacionales por la calzada, recuerdo especialmente la de Nigeria porque sus integrantes gritaban “Viva Chávez” con acento raro pero con mucha pasión. Había grupos de personas tocando instrumentos y cantando. Cada vez que una cámara se acercaba todos gritaban consignas y yo, para no levantar sospechas, me uní al grito de “No Volverán” (siempre había querido hacerlo).

La Venezuela chavista no está ajena al mal de los rumores, a las 3:00 p.m. comenzó a decirse en la cola que el papá de Chávez había muerto, que lo había dicho en el canal 8. Todos empezamos a llamar y escribir para confirmar la noticia que resultó ser falsa. A esa altura ya me estaba aburriendo, en el koala tenía un libro que preferí no sacar para evitar preguntas, así que me puse a jugar con el celular mientras seguía escuchando a la gente. La niña mayor de la señora de atrás, la que estaba cansada, consiguió un papel en el suelo y se lo mostró a su mamá. El papel comparaba la muerte de Chávez con la de Bolívar. Ante las comprensibles preguntas de la niña la mamá se dispuso a explicarle: “Mira lo que pasa es que a Bolívar no lo mataron, él se murió de fiebre amarilla porque él estaba trabajando mucho, así como Chávez. Estaba ocupado liberando muchas naciones por todo el mundo, liberó 24 países y no se cuidó su salud. Por eso lo comparan con Chávez, así como él salió en la marcha aquella de la avenida Bolívar ¿te acuerdas? ¿Bajo ese palo de agua? Y no se cuidó, una gripe mal curada, una broma desas”. Confieso que me asombró muchísimo el daño seguramente irreparable que le causó esa lección a la chamita en ese momento. Casi saco una libreta y me pongo a anotar pero eso sería verdaderamente sospechoso.

La cola seguía avanzando y mis ganas de estar ahí mermaban, seguía pasando la gente invitándonos a abandonar la cola porque no tenía sentido. Llamé a una amiga que sabía que iría a ver si con compañía aguantaba más, porque me parecía una lástima desperdiciar tanto esfuerzo.  Mi amiga me confirmó que iba  y me pidió mis coordenadas para alcanzarme. Mientras tanto se reanudaba la conversación entre la madre de las niñas y la compañera que le quedaba: “Chávez nos devolvió la patria, esto lo tenían eran los gringos, la oligarquía, se lo estaban llevando todo y nosotros con tanta pobreza” la otra le complementa “y los adecos y los copeyanos no veían eso”. “¡Claro que lo veían!” responde “pero se hacían los locos porque ellos vivían bien, tenían dinero y lujos mientras el pueblo vivía en la miseria, nos traicionaron”. La mamá cada cierto tiempo le preguntaba a la niña mayor por su hermana pequeña, que estaba jugando entre unos tanques que están ahí como si fuesen una atracción. “Yo no quería traer a la niña pero ella me dijo ‘no me vas a dejar aquí sola, yo quiero ir a darle las gracias a Chávez por darle la casa a mi mamá’ y bueno, no la pude dejar. Nosotros somos de la Misión Vivienda (risas de orgullo)” La interlocutora le pregunta “¿sí? ¡Qué bueno!, y ¿qué tal tu apartamento? ¿Chévere?”, la madre se infla de orgullo y responde: “Sí bellísimo, mi apartamento es bellísimo, tiene tres habitaciones, dos baños, un pasillo largote su cocina grande, su sala grande, mi ventana da hacia el cerro… lo único es que como todo tienen mala fama, matan gente y hay malandros y eso”. “No los cuidan vale” intervino una tercera señora que estaba cerca. “Mi hija está en un refugio con los niños, allá en Catia” dijo la interlocutora inicial “no pierdas la fe, a ella le van a dar su broma porque Chávez dejó todo eso firmado” le aseguró la madre.

En una de las correderas, a las 4:15 p.m. quedé detrás de una señora mayor bajita que comentaba con su esposo una conversación telefónica que tuvo con una conocida: “Le pregunté que si venía y me dijo “ni loca”. ¿Nunca apoyaste al comandante? no, y cuando le pregunté ¿por qué? Se quedó sin palabras, porque es que no tienen argumentos. En ese momento interrumpió una discusión  muy cerca, un hombre de mediana edad le reclamaba gritando a un señor que  estaba más atrás: “¡no empujen vale! ¿No ven que hay niños aquí? (…) sí tú, eres tú el que está empujando porque te estoy viendo desde hace rato”. El señor de atrás iba con toda una familia y una de las integrantes gritó “esta vaina no es pa’ delicados, los delicados que se vayan pa’ case Capriles”, todos rieron  y yo entendía donde debía estar. En los siguientes avances/empujaderas de la cola, cada vez que se detenía, un señor ponía  una vocecita muy fina en tono de burla y gritaba: “ay, me empujaron” y nuevamente, todos reía(mos). Más adelante el del reclamo se salió de la cola y se fue caminando hacia adelante,  la madre de las niñas comentaba “mira, no anda con ningún niño, tanta reclamadera y esos niños ni eran de él”. Yo en mi mente lloraba.

Ya a las 4:30 p.m. sucumbí y me compré un chupi de los de a 5 bolos, la madre le compró uno a la niña pequeña y varios hicieron lo mismo (así funciona el mercado). Poco después llegó mi amiga junto a su mamá que se había conseguido de casualidad, me trajo un agua  y una naranja de las que repartían atrás. Yo no había podido entrar al twitter porque la señal de datos de mi celular estaba muerta, el de mi amiga sí servía y nos trajo información fresca: extenderían la capilla ardiente 7 días más para que todas las personas pudieran verlo, luego el cuerpo del presidente sería embalsamado y expuesto en el “Museo de la Revolución” o “Museo de la Montaña”. Yo no conocía un museo con ese nombre, pero el padre de las niñas que acababa de llegar, me dijo que él trabajaba en construcción en esa obra, y me aclaró que se trataba del Museo Histórico Militar. Luego bromeó con que a Chávez lo pondrían en una urna de cristal y en cambio a CAP lo pusieron en una urna de gusanos, mi amiga me obligó a reírme. Las otras personas de la cola comenzaron a preguntar y la madre les confirmaba la información y le agregaba arbitrariamente: “después del museo, lo llevarán para el Panteón con Bolívar,  porque él era bolivariano 100%, amaba a Bolívar”. Yo pensé que si era por eso, entonces mi profesora de Cátedra Bolivariana en el bachillerato debía ir a reposar al Panteón también. La mamá de mi amiga se acercó minutos después y dijo en voz alta que era mucho mejor que lo dejaran en el museo a la vista de todos porque así nunca moriría. Noté cierta decepción en la gente que esperaba lo del Panteón, pero el chavismo  -a diferencia de la oposición- es un grupo político muy disciplinado y conforme con las decisiones que toma su dirigencia.

esta desfavorable foto comiéndome la naranja es la única prueba de que estuve ahí.

esta desfavorable foto comiéndome la naranja es la única prueba de que estuve ahí.

La niña pequeña que estaba jugando, se acercó y nos pusimos a hablar con ella. Nos dijo que iba a salir en televisión y le preguntamos lo que iba a decir cuando saliera, respondió: “voy a decir que cuando supe que Chávez se murió, me puse a llorar”, y comenzó a hacer mímicas de cómo lloró. Después comenzó a cantar íntegra (con algunas modificaciones fonéticas) la letra de “Chávez Corazón del Pueblo” que de tanto escucharla, todos nos la aprendimos.

Luego de enterarnos de la extensión de los 7 días, comenzaron a desvanecerse las ganas de seguir haciendo la cola a pesar de que yo ya llevaba 5 horas ahí y estábamos a pocos metros de los monolitos. Decidí enviar a mi amiga hacia adelante a ver el panorama para tomar la decisión de irnos o quedarnos, volvió a los minutos y me confirmó lo que todos los que venían de regreso nos adelantaron: más adelante había un embudo que era un infierno, habían tumbado una baranda, fracturado el brazo de una señora y luego de eso venía más y más caos, el cálculo era que llegáramos al féretro como dentro de 5 horas más. En ese momento decidí abandonar la cola, tal vez volvería a intentarlo otro día.

En el camino de regreso vi un reclamo en la cola que rozó de cerca el límite de la violencia, vi que la cola estaba mucho más fuerte que cuando llegué y también me di cuenta que yo no era el único opositor en ese plan.

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6 comentarios to “Diálogos desde la cola”

  1. juan jose fernandez casique Says:

    Amigo pasaste las de cain. Pero como dices tu este es un momento historico del cual todos debemos participar, Indistintamente de la ideologia politica de cada quien . Un aplauso a tus guaramos porque no cualquiera se cala esa…

  2. M. J. Says:

    Interesante historia; yo también quiero ir a verlo pero las historias que he escuchado no son alentadoras. Algunas personas que conozco (tanto simpatizantes como opositores a sus ideas) intentaron a ir a verlo y no pudieron.

  3. internacomercioestudiantes Says:

    Interesante será ver lo que pasará en Venezuela después del 14 de abril.

    Opiniones de las próximas elecciones aquí:

    http://internacomercio.wordpress.com/2013/03/10/capriles-nicolas-el-pueblo-no-voto-por-ti-chicom-c-alonso-estoy-feliz-con-la-muerte-de-chavez-asi-vaya-100-de-la-oposicion-a-votar-por-su-candidato-supuestamente-que-sea-dios/

  4. meteoritotic Says:

    Excelente crónica. Un buen ejercicio de periodismo gonzo.

  5. Adriana Says:

    Hola Edgar, me gustó mucho tu relato. Bien escrito e hilado. Tu sabes de qué color es mi corazón, pero me gustó tu punto de vista. Un abrazo. @sombrerorojo

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