Dictadura es homofobia

Hoy se debería estar celebrando el Día Nacional Contra la Homofobia y la Transfobia en Venezuela. Deberíamos poder estar revisando el camino recorrido y por recorrer en la protección de los derechos de las personas LGBTI, deberíamos estar implementando mecanismos efectivos para reducir los niveles de vulnerabilidad ante la violencia, la pobreza y la discriminación por orientación sexual e identidad y expresión de género, Deberíamos estar participando en la ya tradicional caminata que sacaron de Caracas. Debería haber izamientos de banderas arcoíris en actos protocolares de las instituciones, sesiones especiales, espacios de discusión y reflexión política, campañas públicas contra la discriminación. Tristemente ese panorama es casi inexistente.

En su lugar tenemos un país volcado a las calles, con todo su corazón puesto en un movimiento de resistencia no violenta que nace de la indignación y el hartazgo ante los abusos del poder que alcanzaron su máxima expresión en una ruptura del orden constitucional; y empujado por el hambre y la necesidad a la que está sometida a la gente. Un movimiento que tiene más de 40 días ininterrumpidos resistiendo heroicamente a la respuesta que la mafia militar en el poder y sus esbirros han sabido dar: detenciones arbitrarias, mentiras, golpes, insultos, gases, tanquetas, burlas, plomo, muertes.

De esta realidad no escapa nadie, no hay forma de encerrarse en una burbuja a fingir normalidad, porque ya no hay normalidad posible. Los tentáculos de la opresión invaden todos los espacios de la vida pública y privada de las personas y deciden desde la cantidad de lo que comes, hasta las formas aceptables para expresar tus inconformidades.

Hoy no tenemos oficialmente un Día Contra la Homofobia y Transfobia en Venezuela porque un grupo de esbirros, nombrados como magistrados del TSJ a través de jugadas que violan la Ley, decidieron anular un decreto que concretaba al menos 8 años de exigencias públicas, cartas, audiencias y marchas del movimiento LGBTI venezolano y que hasta el año pasado sólo habían obtenido como respuesta de parte del Parlamento:  desplantes, silencio, engaños y promesas incumplidas.

Ese mismo TSJ nos arrebató la soberanía al desconocer la voluntad popular expresada en las últimas elecciones celebradas en el país y eliminar las facultades de una Asamblea Nacional legítima, diversa y representativa de los intereses de todos los venezolanos, dando con eso un paso crítico en la destrucción de la democracia y la consolidación de la primera dictadura del siglo XXI en la región. Y dejándonos así, entre otras cosas, sin posibilidad de avanzar en la discusión y promulgación de leyes que respondan a los intereses de las personas y no al del grupo en el poder.

Este quiebre institucional es el último capítulo en una larga historia de desprecios consecutivos que el chavismo como movimiento político le ha hecho a las personas LGBTI. Ahora en esta etapa, la situación se agudiza. Ya no se trata solo de la homofobia cultural que impregna a los factores militaristas y fundamentalistas, sino que su esencia autoritaria es absolutamente incompatible con la diversidad, con la disidencia, con el respeto al distinto, en fin, con la democracia.

Desde siempre en el movimiento LGBTI hemos tenido claro que la homofobia en el país es transversal, que el machismo cultural aparece indistintamente de la denominación política, y estos últimos días nos han permitido verlo con penosa claridad. Pero también hemos sido testigos de que solamente en los espacios democráticos, donde se respetan distintas opiniones, es posible salirle al paso a la homofobia, bifobia y transfobia, ser reconocidos como sujetos de derechos y conquistar los espacios necesarios para avanzar en esa dirección. No en vano es en el seno de la Mesa de la Unidad democrática donde a pesar de las posturas distintas sobre el tema, diputados abiertamente LGBTI fueron postulados y electos, y las propuestas de reconocimiento de derechos que traemos desde hace años pudieron ser planteadas, recibiendo un compromiso de parte de diputados y diputadas claves que reconocen la necesidad de inclusión y el respeto de todos los ciudadanos y ciudadanas. Compromiso que, al igual que todo el funcionamiento regular de la Asamblea, se vio truncado por un TSJ secuestrado por la dictadura.

Hoy la conquista de la democracia se hace fundamental para poder alcanzar la igualdad esperada por tantos años. Estamos llamados y llamadas a hacer frente común en la defensa de la Constitución y de la vigencia de los DDHH, porque es en contextos democráticos donde se han dado todos los avances globales materia de diversidad sexual y de género, y porque el movimiento LGBTI nació en medio de un gran acto de resistencia civil ante los abusos del poder en la Nueva York de 1969.  Tenemos hoy más que nunca la certeza de que solo en democracia podremos conquistar los derechos que nos garantizarán la igualdad que nos corresponde.

 

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Una respuesta to “Dictadura es homofobia”

  1. Santiago Farias Says:

    Y el gobierno prometiendo que con la nueva constituyente si va a reconocer​ los derechos LGBT que no ha reconocido en estos 18 años…

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