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Prioridad para Salvador

15 diciembre, 2014

Giniveth Soto se casó con Migdely Miranda, la mujer que amaba. Se tuvieron que ir a casar en otro país porque en el suyo las leyes todavía no reconocen su amor. Argentina fue el primer país en Latinoamérica en aprobar el matrimonio igualitario en todo su territorio hace mas de 4 años, por lo que -como muchas parejas de venezolanxs-, Giniveth y Migdely decidieron ir a dejar registro de su relación para obtener ciertas garantías que le ofrecieran alguna seguridad a su familia. Lo hicieron además el Día del Orgullo LGBTI para que quedara claro que mas que un acto privado, se trataba una acción política reivindicativa, un desafío.

Giniveth y Migdely recién casadas a las puertas del Distrito Centro en Rosario, Argentina.

Giniveth y Migdely recién casadas en las puertas del Registro Municipal en Rosario, Argentina. (foto: lacapital.com.ar)

Pero no se conformaron con eso. Giniveth no solamente era una mujer lesbiana enamorada, sino también una ciudadana con una gran conciencia de sus derechos y del principio de la igualdad y además contaba con la valentía y el compromiso necesarios para defenderlos. Así que decidieron venir a Venezuela a exigir que se reconociera su matrimonio, aquí nacieron las dos, aquí estaban sus afectos y era aquí donde querían materializar sus sueños y construir su historia juntas. Seis meses después de haberse casado en Argentina, Giniveth y Migdely se presentaron en la Oficina Principal del Registro Civil en Caracas con su acta de matrimonio para pedir que fuese registrado y considerado válido en territorio venezolano, tal como establece la Ley Orgánica de Registro Civil. Pero los funcionarios administrativos a cargo del Registro les negaron esa posibilidad, argumentaron que el Código Civil no estipulaba el reconocimiento de ese tipo de uniones. Ellas sabían que muy probablemente eso era lo que iba a suceder, pero eso no las paralizó. Solicitaron que el Registro les diera la negativa por escrito porque esperaban que ese fuese apenas un primer paso dentro de un camino largo y difícil hasta el reconocimiento de su familia.

Giniveth y Migdely durante la gestación de su hijo Salvador

Giniveth y Migdely durante la gestación de su hijo Salvador (foto: facebook.com/gini.soto)

La situación de discriminación legal en Venezuela no detuvo a la pareja en la búsqueda de sus sueños, mientras estuvieron en Caracas se sometieron a un proceso de reproducción asistida en la que Giniveth aportó un óvulo que fue fecundado in vitro e implantado en el útero de Migdely, con lo que ambas se convertirían en madres de un hermoso bebé llamado Salvador Gabriel. Salvador nació en Argentina porque era la única manera de que se reconociera legalmente que tenía dos madres en lugar de una. El empeño de Giniveth y Migdely por materializar sus sueños las trajo de regreso a Caracas para solicitar que la partida de nacimiento de su hijo fuese emitida con dos madres, tal como era en realidad. Pero el mismo Registro Civil que un año antes se negó a reconocer el matrimonio de sus dos mamás, le negó a Salvador el reconocimiento legal de su familia. Para el Estado venezolano su madre biológica no es su madre legal. Apenas días después de recibir esta negativa Giniveth fue asesinada en Caracas. En medio del robo del vehículo que usaba para hacer carreras de taxi y mantener a su familia, un delincuente le disparó en la cabeza y acabó con su vida. Gini tenía apenas 32 años y no pudo ver materializado su sueño de casarse en Venezuela, de ser la madre legal de Salvador y de tener una segunda hija nacida en su país como lo había planificado. La violencia le arrebató sus sueños. Todo el dolor que significa una pérdida tan trágica como ésta, parece haberse vuelto parte de la cotidianidad de Venezuela. Un país que luego de 13 Ministrxs del Interior y mas de 20 planes de “seguridad” se mantiene en los primeros lugares de muertes violentas en el mundo con decenas de miles de víctimas cada año. Aquí da la sensación de que todxs tenemos un número en la fila y estamos esperando que nos toque el turno. Como si fuese poco el riesgo al que estamos expuestxs todxs lxs venezolanxs de ser víctimas de la violencia y la impunidad, las personas LGBTI de Venezuela y nuestras familias también debemos enfrentarnos a la falta de protección legal. Luego del doloroso asesinato de su madre, el pequeño Salvador de apenas 3 meses de nacido ha quedado en situación de vulnerabilidad. Ni él ni su madre Migdely tienen el derecho de heredar los bienes que Gini deja en Venezuela, ni de recibir pensión de sobreviviente de corresponderle. Migdely no tenía derecho a decidir sobre los restos de su esposa, la persona a la que amaba y con la que soñaba pasar el resto de su vida.

Migdely, Giniveth y Salvador Gabriel.

Migdely, Giniveth y Salvador Gabriel. (foto: twitter @gsqvenezuela)

Todo esto pasa cuando en Venezuela estamos promoviendo que la Asamblea Nacional apruebe un Proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario que modificaría el Código Civil para que nunca mas un funcionario del Registro Civil le niegue a ninguna pareja homosexual la posibilidad de alcanzar sus sueños. En medio de este debate han aparecido las mismas excusas para resistirse al cambio que en los demás países donde se han planteado estos avances. Una de las mas comunes -y en apariencia lógica- debido a la crítica situación del país que ya describimos (a lo que se le suman niveles inhumanos de escasez e inflación) es que “ese tema no es prioridad”, “hay cosas mas importantes que tratar en la Asamblea Nacional” y/o “primero debemos garantizar lo básico y después pasamos a eso”. Todxs sufrimos los mismos problemas sin importar cual sea nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género, todxs somos víctimas de la escasez y de la violencia, Gini lo fue. Pero las personas LGBTI sufrimos situaciones adicionales mucho mas difíciles debido a la desigualdad legal a la que estamos sometidxs. No estamos pidiendo que se dejen de lado los problemas generales que todxs sufrimos, al contrario, como cualquier ciudadanx quisiéramos ver algún día una solución. Pero también creemos que el reconocimiento de nuestros derechos debe estar en la agenda de discusión y que esto no tiene por que desplazar en lo absoluto los debates sobre inseguridad o economía. Creemos que si la Asamblea Nacional tiene tiempo para declarar la gaita patrimonio cultural o para pedirle al Vaticano que se beatifique a José Gregorio Hernandez también debe tener tiempo para atender las demandas legítimas de un grupo de venezolanxs en situación de vulnerabilidad. Hace casi un año presentamos junto a Gini las firmas para introducir por iniciativa popular el Proyecto de Matrimonio Igualitario en el debate del Parlamento. Ya está por terminar el período legislativo donde debería darse el debate y aún ni se han enviado las firmas al CNE para su verificación. Aunque lxs diputadxs que dirigen la AN piensen que esto “no es prioridad”, para las personas del mismo sexo que sueñan con casarse, para lxs parejas del mismo sexo que ya viven juntas sin protección legal y especialmente para lxs hijxs de familias homoparentales que están desprotegidxs por la ley ante cualquier eventualidad y tienen vulnerado su derecho a la familia -como Salvador- el debate sobre el matrimonio igualitario SÍ es prioridad. 

Gini y Migdely en el acto de entrega de firmas a la AN por el matrimonio igualitario.

Gini y Migdely en el acto de entrega de firmas a la AN por el matrimonio igualitario. (foto: facebook.com/gini.soto)

(Gini era sobrina del ex-Presidente de la Asamblea Nacional Fernando Soto Rojas, eso facilitó las cosas para que en 2011 ella pudiera organizar una reunión formal entre activistas LGBTI y el entonces Presidente de la AN que nos permitió al menos sensibilizarlo sobre nuestras demandas y que en su momento reseñé en este post. Gracias por tu constancia Gini, estamos segurxs que no habrá sido en vano)

No es lo peor

25 febrero, 2014

Este post lo escribo como respuesta a una publicación hecha por la compañera activista Maria Gabriela Blanco en la que solicita nuestra opinión.

En el año 1991 en Australia, un señor llamado Nicholas Toonen , indignado porque en su estado existían unas “leyes contra la sodomía” que penalizaban las relaciones sexuales consentidas entre dos varones adultos en privado, decidió enviar una denuncia a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (CDH) en la que alegaba la violación de su derecho a la privacidad, consagrado en el artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Dicho artículo dice lo siguiente:

“Artículo 17: 1. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación.”

Toonen también indicó que las “leyes contra la sodomía” violaban su derecho a la no discriminación (señalado en el artículo 26 del mismo Pacto) debido a que las personas heterosexuales y las parejas de dos mujeres no  estaban sujetas a las mismas penalizaciones. En su argumentación, añadía textualmente: “Dado el estigma asociado a la homosexualidad en la sociedad australiana (y especialmente en Tasmania), la violación del derecho a la intimidad puede conducir a ataques ilegales a la honra y la reputación de las personas afectadas.”

El gobierno de Australia a través de presiones logró que Toonen fuera despedido de su empleo en el Consejo de SIDA de Australia, pero eso no evitó que como resultado de su denuncia, en 1994 el Comité de Derechos Humanos de la ONU considerara que efectivamente se estaba violando el Pacto y ordenara al Estado Australiano la revocación de estas leyes. La sentencia final de la CDH estableció que la referencia a “sexo” en el artículo 26 del Pacto, incluye la orientación sexual. Esto se convirtió en una referencia importantísima para el movimiento de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT) en vista de que  fue la primera vez que los derechos LGBT fueron considerados Derechos Humanos.

Nicholas Toonen

Nicholas Toonen

La estrategia del outing (sacar del closet sin consentimiento) personalmente me parece muy ruin y especialmente irrespetuosa del derecho a la privacidad de las personas. Conozco muchxs gays, lesbianas y bisexuales en el closet que nos expresan en privado su respaldo al trabajo de activismo que hacemos, nos agradecen por hacer y decir las cosas que ellxs no pueden. Aunque lo lamento, comprendo que ellxs no quieran salir del clóset, pues ponerte una camisa de arcoiris y salir a la calle a decir “soy homosexual” es algo que te hace vulnerable en determinados contextos a la intolerancia, a las burlas, al acoso, a la discriminación laboral, a la violencia intrafamiliar, tal como dijo Toonen en su momento. Comprendo que no todo el mundo está en una posición que le permite lidiar con las consecuencias de vivir fuera del closet, es por esas personas que nosotrxs trabajamos.

Claro que creo que salir del closet es una experiencia liberadora, es una toma de posición política y es positivo para nuestra causa. En la medida en que mas personas lo hagan y se logren visibilizar en sus espacios, mejor. Pero también creo que deben poder hacerlo cuando ellxs consideren y no cuando otrxs lo decidan. Es por eso que aunque sabemos que hay varixs funcionarixs del gobierno que son gays y/o lesbianas, seríamos incapaces de hacerlo público sin su consentimiento.

El outing fue utilizado por el diputado del PSUV José Ávila cuando mostró fotos privadas del director del Despacho de la Gobernación de Miranda en pleno parlamento, y no contento con violar el derecho a la privacidad de esta persona, se dedicó a estigmatizar y a hacer juicios morales, vinculando la homosexualidad con “prostitución”, “bacanales”, “droga” y “corrupción”. Lo mismo intentó hacer el conductor Mario Silva a través de un canal de televisión pública, enseñando una supuestas pruebas de la “homosexualidad” de Henrique Capriles (cosa que fue desmentida por él mismo), sumándose al concierto de Nicolas Maduro, Pedro Carreño, Jacqueline Farias y otrxs funcionarixs , que se dedicaron a utilizar la homosexualidad como un insulto, animando a buena parte de la base chavista a replicar su discurso. Con estas acciones (por cierto denunciadas públicamente y de manera enérgica por el movimiento Proinclusión de Voluntad Popular) sumadas a las omisiones en materia de reconocimiento de derechos a pesar de contar con mayoría -incluso el control absoluto- del Parlamento desde hace 15 años, se ahonda en el estigma y se dificulta muchísimo el trabajo de quienes defendemos los derechos LGBT en el país. Después de oír semejantes cosas de boca de la clase dominante, es bien difícil salir del closet.

Pero cuando los discursos llenos de insultos y burlas se reflejan en la discriminación cotidiana y en los chistes de la calle no es tan grave como cuando la homofobia adquiere forma de esbirro y se materializa en prácticas represivas. Hace un par de días se conoció, gracias a medios internacionales (porque no hay otra manera debido a la censura), que la periodista de CNNE Patricia Janiot fue hostigada por esbirros a su salida de Venezuela por el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar luego de ser revocadas sus credenciales por parte del gobierno. Como ella no quería separarse de su productora, el esbirro tomó el ejemplo de sus superiores y la acusó de ser lesbiana. Y un poco mas atrás pero no menos importante, en medio de las legítimas protestas ante las dudas -nunca aclaradas- sobre los resultados electorales que el CNE utilizó para proclamar a Maduro como Presidente en abril de 2013, Ivonne Echenagucia fue apresada en el destacamento 47 de la Guardia Nacional Bolivariana en Barquisimeto y sometida a torturas mediante golpes con botellas congeladas y descargas eléctricas. Los esbirros fueron especialmente duros con ella después de descubrir que era bisnieta de Jovito Villalba y además, lesbiana. Ivonne, que tuvo que refugiarse en otro país debido a las constantes amenazas que recibió por sus denuncias (por las que nunca recibió justicia) relató que mientras le golpeaban las rodillas y ante su total desconcierto, la esbirra le dijo:Tú sabes que nosotros odiamos a los gays, ¡no?

Ivonne Echenagucia, víctima de represión y torturas por protestar

Ivonne Echenagucia, víctima de represión y torturas por protestar

 

Lxs activistas del movimiento Proinclusión de Voluntad Popular, primer y único movimiento de diversidad sexual con reconocimiento estructural dentro de un partido político en Venezuela, somos defensorxs de los derechos LGBT y enemigos de toda forma de discriminación, en ese sentido hemos venido trabajando y trabajaremos en apoyo a la iniciativa de Matrimonio Igualitario en Venezuela y hemos puesto mucho esfuerzo en recoger firmas (proceso en el que contamos con el apoyo de la dirigencia  y lxs activistas de Voluntad Popular, incluyendo a nuestra compañera Gaby Arellano del Frente Universitario), concientizar, hacer incidencia política con nuestrxs militantes y con lxs diputadxs de la Mesa de la Unidad porque sabemos que para modificar el Codigo Civil no son suficientes lxs 99 votos del PSUV (si fuesen favorables). Sabemos que del lado del gobierno hay activistas que realizan el mismo esfuerzo y lo reconocemos, aunque digan que “ganamos indulgencia con escapulario ajeno” no desmayaremos en esta lucha, porque aunque tenemos muy pocas esperanzas en ciertos sectores del gobierno, sabemos que de aprobarse no sería gracias a ellos sino a pesar de ellos,  y sobre todo porque creemos en la igualdad de derechos para todas las personas. No somos nosotrxs los que necesitamos justificar posiciones previas contra el Matrimonio Igualitario por “no ser prioridad” o por ser “una institución burguesa”. De la misma manera en la que utilizamos los mecanismos establecidos en la Constitución para llevar nuestras iniciativas, vemos en el ejercicio del derecho a la protesta, establecido en el artículo 68 de la misma, una vía legítima para expresar el malestar ante un gobierno que es evidentemente incapaz de manejar el problema de inseguridad que nos afecta a todxs (recordemos que las protestas actuales iniciaron por el reclamo ante un intento de violación a una muchacha en la ULA Táchira que fueron respondidas con una escalada de represión que ya deja, hasta hoy 25/02 15 personas fallecidas, 129 heridas y hasta el 24/02 609 detenidas, entre las cuales por cierto estuvo una compañera activista LGBT de Carabobo).

Geraldine Moreno, asesinada por esbirros de la Guardia Nacional con dos perdigonazos en el ojo.

Geraldine Moreno, asesinada por esbirros de la Guardia Nacional con dos perdigonazos en el ojo.

Los golpes de estado no los dan los civiles sino los militares, y esos ya están en el poder, recibiendo privilegios y aumentos de sueldo cada dos meses, asesinando y reprimiendo con armas de fuego a la población civil. Aunque la clase dominante repita mil veces a través de su aparato mediático esta mentira con el fin de criminalizar toda protesta, nosotros tenemos muy claro cuales son nuestros derechos y protestar es uno de ellos.

Mi opinion es que lo peor que puede hacer una lesbiana o un homosexual no es tomarse fotos con “golpistas”. De hecho, Chávez, que define políticamente a varixs activistas LGBT en Venezuela, fue antes que nada un golpista, lo mismo que buena parte que la clase dominante hoy en el poder. En realidad, lo peor que puede hacer una lesbiana o un homosexual es defender, aplaudir y ponerse al lado de homofóbicxs y represorxs.